¿Es la carne rojo o la procesada perjudicial para nuestra salud?
Recientes estudios de la ONU vinculan su ingesta a un mayor riesgo de padecer cáncer. En este post te sacamos de dudas sobre ¿qué podemos comer?.

Las advertencias de la ONU sobre los peligros que para la salud que implica comer carne procesada e incluso carne roja en según que cantidades, sin olvidar otras tantas corrientes nutricionales que alertan de los perjuicios de los cereales refinados, lácteos y sobre todo del azúcar, no es extraño hacerse esta pregunta: ¿QUÉ PODEMOS COMER?

qué-podemos-comer-gheosDesde mi punto de vista, los problemas de salud condicionados por nuestra manera de comer están relacionados tanto por la composición de nuestra dieta (qué alimentos ingerimos) como por la cantidad de veces que comemos y cómo combinamos los alimentos en nuestra dieta. Además, otro dato a tener muy en cuenta es que nuestro nivel de actividad física condiciona la forma en que gestionamos los alimentos ingeridos.

En primer lugar, creo que es importante entender el por qué de la afirmación de la ONU (basada en gran cantidad de estudios científicos). La advertencia se basa en estudios que han correlacionado positivamente la incidencia de cáncer de colon en personas que consumen mayor cantidad de carne, especialmente procesada.

¿Cuál es la lógica de esta situación?

Desde mi punto de vista lo que sucede es que, cuando comemos carne si el proceso digestivo no la digiere correctamente se produce una situación de putrefacción en el intestino (especialmente en el intestino grueso) y este proceso de putrefacción genera a partir de los aminoácidos de la carne moléculas denominadas poliaminas (http://www.ugr.es/~ars/abstract/37-17-96.htm,  http://www.alanrevista.org/ediciones/2008-2/poliaminas_alimentacion_infantil.asp). Estas poliaminas, que cumplen una función fisiológica como factores de reparación de la mucosa intestinal, cuando están en exceso actúan como factores de hiperproliferación (del mismo modo que la insulina), lo que en determinadas circunstancias, como un proceso tumoral, se convierten en factores potenciadores del tumor.

intestino-qué-comemosSi estas poliaminas contenidas principalmente en las carnes cumplen una función fisiológica, parece razonable que el consejo ha de ser consumirlas con moderación pero no dejarlas de consumir. Por otro lado, y como no me canso de explicar en mis charlas de nutrición, nuestra alimentación ha de garantizar un proceso digestivo eficiente ya que de otro modo se favorece la presencia de procesos de putrefacción y/o fermentación en el intestino que condicionan un aumento muy importante de poliaminas a nivel intestinal.

Así, nuestra dieta puede y debe contener carnes rojas (evidentemente de la mayor calidad posible) pero, sobre todo, hemos de garantizar un proceso digestivo eficiente lo que exige:

  1. Combinar bien los alimentos dentro de cada comida.
  2. Darle tiempo al tubo digestivo para que finalice correctamente la digestión.

En cuanto al primer punto se trata básicamente de combinar bien los alimentos entre sí de este modo y como regla básica (sin entrar en detalle en este post) siempre habrá un plato/porción de vegetales, ya sea fruta en el desayuno, ensalada en la comida y verdura (vegetal cocinado) en la cena que se combinará con las fuentes de calorías proteína, grasa y cereales (estos últimos con moderación).

Los alimentos cumplen una función emocional

Por lo que respecta al segundo punto mi consejo sería no comer más de tres veces al día pudiendo adoptar estrategias más restrictivas en este aspecto como por ejemplo el ayuno intermitente (comer una o dos veces al día), pero nunca cinco o más veces al día ya que en ese caso el proceso digestivo es continuo y el tubo digestivo no tiene el tiempo necesario para repararse.

La alimentación y los alimentos cumplen una función que va más allá del mero aporte calórico y de macro y micronutrientes, ya que con la alimentación satisfacemos muchas veces aspectos emocionales o carencias que de un modo consciente o inconsciente sufrimos en nuestras vidas, por muchas veces resulta dificultoso limitar o eliminar según que alimento o grupos de alimentos de nuestra dieta. Los alimentos que son más difíciles de eliminar de la dieta son en primer lugar los azúcares, los cereales y los lácteos.

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Esto es debido a tres motivos principalmente, dos comunes y uno particular de cada grupo:

  1. Los tres grupos de alimentos tienen un poder calórico muy alto debido a que aumentan muy rápidamente los niveles de glucosa sanguínea y por lo tanto el cerebro siente una gran atracción hacia ellos especialmente en momentos de poca energía.
  2. De la digestión de estos alimentos se producen unos subproductos metabólicos que  una vez absorbidos en el intestino actúan a nivel cerebral como verdaderas “drogas” ya que dan una falsa sensación de bienestar. Estos subproductos son Gliadomorfina (del glúten de muchos cereales), Caseimorfina (de la caseína de la leche) y endorfinas (del azúcar).
  3. Por otro lado, como he dicho antes, los alimentos cumplen una función emocional (como rellenando los vacíos que tenemos a nivel emocional) de este modo TRIGO=PADRE, LECHE=MADRE, AZÚCAR=PLACER. En mi consulta es muy habitual que las personas se den cuenta de que según se relacionan con estos alimentos se relacionan con el aspecto emocional asociado a los mismos (por ejemplo, alguien que no puede evitar comer lácteos sería alguien que tiene una gran dependencia de su madre o de la figura materna).

Nuestra dieta puede y debe contener carnes rojas pero hemos de garantizar un proceso digestivo eficiente

Concluyo ya: debemos comer de todo, pero de un modo coherente, combinando bien los alimentos y evitando las consecuencias de una “sobrealimentación” que, como he explicado anteriormente, es debida muchas veces a conflictos emocionales que intentamos compensar con la alimentación. Conviene también practicar actividad física, huir de la vida sedentaria, pues la actividad forma parte de la alimentación.

REFLEXIÓN FINAL: No es lógico que en el primer mundo suframos tanto como consecuencia del exceso de alimentos cuando tenemos toda la información necesaria a disposición para alimentarnos correctamente y, sobre todo, podemos escoger que nos llevamos y que no nos llevamos a la  boca.

Jesús Domínguez