Descubre por qué nos resfriamos más en invierno y cómo hacer frente a esta enfermedad.

Escribo este post en unas fechas preinvernales y veraniegas en las que los niños y los no tan niños tenemos la mala costumbre de resfriarnos y aliarnos con el pañuelo durante, a veces, varias semanas seguidas.

En primer lugar explicar el por qué, desde mi punto de vista, nos constipamos más en invierno que en verano, a pesar de que en verano también es habitual debido al aire acondicionado. Para entender este hecho hay que ver el constipado como lo que es, una inflamación de las mucosas que, como su propio nombre indica, produce moco ( en exceso cuando se inflaman, esto es así en todas las mucosas del cuerpo), especialmente molesto a nivel de la mucosa orofaríngea, y peor aún a nivel de las mucosas bronquiales, en situaciones de bronquitis. Este moco supone un problema mayor si en vez de ser eliminado del cuerpo (aunque sea molesto) se estanca y acumula, ya que por contener gran cantidad de gérmenes se infecta con gran facilidad ocasionando un riesgo mayor para nuestra salud (por infección), por ejemplo, en casos de bronquitis.

Las mucosas son las estructuras corporales que están en contacto con el medio externo y tienen capacidad de absorber sustancias

 

Las mucosas son las estructuras corporales que están en contacto con el medio externo y tienen capacidad de absorber sustancias, todas tienen en común que derivan del mismo tejido embrionario: el ectodermo. Estas estructuras son: la piel, la mucosa orofaríngea (nariz-boca y faringe), la mucosa bronquial, la retina, el intestino delgado y el grueso, en mujeres la mucosa genital y las sinoviales de las articulaciones.

¿CUÁL ES SU FUNCIÓN?

Por su disposición, y al estar en contacto con el medio externo, las mucosas suponen la primera barrera de defensa frente a posibles agresiones externas y por este motivo en ellas se disponen las primeras moléculas y células defensivas del organismo (macrófagos, IgA, histamina….). Es esta la primera línea de defensa “inespecífica”, es decir, la que ataca inespecíficamente ante cualquier agresión y que se caracteriza por la hipersecreción de moco (nariz, pulmón e intestino) o líquido (p.e. en los ojos). Por detrás de esta primera barrera de defensa se encuentra una segunda barrera “específica”, que genera respuestas específicas para “enemigos” concretos como virus o bacterias (anticuerpos). Los anticuerpos se activan ante un “enemigo concreto” desencadenando una respuesta inflamatoria a nivel local, en la mucosa correspondiente. Es importante saber que esta respuesta específica es común a todas las mucosas ya que entre ellas (vía sanguínea) comparten información en todo momento. Por eso, si una mucosa está inflamada el resto están, por lo menos, preinflamadas.

Una mucosa es mucho más eficiente si está bien hidratada ya que le es más fácil controlar las posibles agresiones externas

 

Una mucosa es mucho más eficiente si está bien hidratada ya que le es más fácil controlar las posibles agresiones externas mediante la primera barrera de defensa, que se activa con menos coste energético. Pero sobre todo será más eficiente si el resto de mucosas no están en alerta (preinflamadas).

AGRESIONES INVERNALES

Vayamos ya a la cuestión de por qué nos costipamos más en invierno. La respuesta es simple: por que el frío agrede a las mucosas condicionando una peor vascularización (aporte de sangre) y por lo tanto están más secas, tienen menos capacidad de estar hidratadas y así son más frágiles (además tendemos a beber mucha menos agua en invierno que en verano). Todo esto ayudado por el aire y, en nuestro primer mundo, por las calefacciones que, a menudo, condicionan ambientes muy secos que favorecen el resecamiento de las mucosas. Ocurre lo mismo durante largos periodos expuestos a aires acondicionados fuertes.

Este aspecto sirve para niños pero también para adultos. En el caso de los más pequeños se agrava ya que en los primeros años de vida nuestro sistema inmunitario está haciendo frente por primera vez a muchas agresiones (víricas y bacterianas) que nos acompañarán a lo largo de toda la vida,  pero que en estos primeros años están generando la primera respuesta de nuestro sistema inmune específico y, por lo tanto, generando inflamación en nuestras mucosas. Por ser niños además tienden a hiperreaccionar por lo que la respuesta inflamatoria es siempre mucho más “escándalosa” que de adultos.

 

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Entonces, ¿qué podemos hacer para evitar estos resfriados frecuentes en niños? La respuesta es simple y contundente: nada. Donde sí podemos intervenir es en que dichos resfriados sean menos frecuentes y, sobre todo, menos intensos o que, al menos, no deriven en patologías más graves y profundas, ya que una patología que afecte a las mucosas es una patología que está en un nivel superficial y por lo tanto, en principio,  es menos preocupante que enfermedades que afecten órganos más internos.

 

QUÉ HACER PARA PREVENIR LOS RESFRIADOS:

  1. Mantener bien hidratadas las mucosas bebiendo agua.
  2. Mantener un intestino limpio comiendo de un modo equilibrado: fruta-verdura-grasas y proteínas.
  3. Evitar corrientes de aire así como calefacciones muy fuertes y cambios bruscos de temperatura.

QUÉ HACER CUANDO SE RESFRIAN:

  1. Conviene también mantener bien hidratadas las mucosas, bebiendo agua. Como medida extra podemos utilizar un inhalador de agua marina.
  2. Recomendamos comer de un modo equilibrado, evitando alimentos que sean proinflamatorios, especialmente lácteos, azúcares y cereales refinados.
  3. De nuevo insistir en que hay que evitar tanto las corrientes de aire como calefacciones muy fuertes (resecan) y los cambios bruscos de temperatura.
  4. Nunca frenar la reacción defensiva-inflamatoria del cuerpo con medicación antiinflamatoria (a no ser que la vitalidad del niño se vea muy disminuida). Nunca dar inmunosupresores o corticoides (que bloquean la reacción inflamatoria del cuerpo y llevan la inflamación a un plano más profundo).
  5. No tratar de bajar la fiebre ( a no ser que ésta pase de 39,5ºC) para garantizar una óptima reacción defensiva-inflamatoria-inmunitaria del organismo, ya que la fiebre como la inflamación son respuestas fisiológicas del organismo que garantizan una óptima recuperación tras la “agresión-infección” sufrida.
  6. En casos en que la fiebre supere los 39,5ºC dar antipiréticos y en casos de infección añadir antibióticos (siempre bajo prescripción médica).
  7. Podemos tomar medidas extra para mejorar la respuesta defensiva de las mucosas y evitar sobre todo que el moco no se elimine con facilidad, por ejemplo:
    • Poner una cebolla partida por la mitad al lado de la cama mejora la hidratación de las mucosas y, en especial, evita la tos.
    • Ayudar de un modo suave al sistema inmunitario (oligoterapia o remedios herbales).
    • Mantener un buen grado de humidificación de la habitación.
    • Favorecer el reposo del niño.

Me despido ya. Espero haber sido de ayuda para que os acatarréis menos o, como mínimo, que os sirvan los consejos para que hagáis frente a la enfermedad.

Si tienes alguna pregunta puedes contactar con nosotros y te responderemos lo antes posible. 

Saludos

Jesús Domínguez